El estado Sucre tiene varias tareas pendientes en materia ambiental, pero una de las más importantes es reactivar las plantas de tratamiento del sistema de aguas servidas de Cumaná, su capital, paralizadas desde hace dos décadas. A partir de ese momento, las aguas negras de la ciudad se vierten directamente al mar.
Recientemente, el 11 de agosto, el sistema de bombeo de aguas servidas de la avenida Universidad de Cumaná –reparado hace un año- también se paralizó, y ahora el drenaje corre por las calles de la zona turística por excelencia de la ciudad.
Ana González*, vecina de playa San Luis, tiene más de 50 años viviendo en la zona; sin embargo, desde hace aproximadamente 15 años dejó de bañarse en sus aguas tras resultar afectada por hongos en la piel.
«Cada mañana salgo a caminar con mis perros, pero hace mucho tiempo que dejé de bañarme allí porque hay muchas algas verdes», relató.
Playa San Luis está ubicada en el sector Los Bordones y forma parte de los siete kilómetros de costa de Cumaná, al igual que El Peñón y la avenida Cacique Maragüey (antigua Perimetral), actualmente conocida como la cinta costera.
En total, el estado Sucre, al oriente de Venezuela, posee más de 700 kilómetros de costa y 121 playas aptas para bañistas.

Algo huele mal
Las dos plantas de tratamiento emblemáticas de la ciudad: Laguna de Los Patos (adyacente a San Luis) y Punta Delgada (sector El Peñón), están paralizadas desde hace 20 años por daños en el sistema de aireadores.
Luego de tanto tiempo, el deterioro ambiental es evidente. La Laguna de Los Patos, clasificada como Área Bajo Régimen de Administración Especial (Abrae), ha visto mermada su biodiversidad. Aunque hay especies que sobreviven y soportan las altas temperaturas y la contaminación, como la tilapia de Mozambique; otras, como el cangrejo azul y el pez Guppy, prácticamente han desaparecido. Además, recientemente se ha detectado la presencia de caimanes, un animal sin depredadores y con una alta tasa de reproducción.
De igual manera, como consecuencia de las sustancias orgánicas de las aguas servidas no tratadas, los espacios del complejo lacustre han sido invadidos por juncos, es decir, plantas macrófitas que absorben y transforman las sustancias contaminantes, pero que crecen muy rápido y ya no les permiten a los pescadores usar sus redes como antes.
Hace algunos años, la Laguna de Los Patos era un reservorio natural de especies marinas y aves, frecuentado por estudiantes de Biología de la Universidad de Oriente (UDO Sucre) antes de su cierre técnico en 2019.
Alesandro Lodato, vecino y prestador de servicios turísticos en San Luis, explicó que toda la carga de aguas servidas de la zona oeste de la ciudad, que concentra la mayor cantidad de habitantes, cae directamente a las piletas de Laguna de Los Patos.
Advirtió, además, que la contaminación no sólo afecta las aguas, sino que también genera mal olor, perceptible en los alrededores. Agregó que cuando el agua de la Laguna de Los Patos se rebosa deja incomunicadas a las comunidades rurales vecinas, como La Malagueña.

Promesas incumplidas
En el año 2015, con motivo del quinto centenario de la fundación de Cumaná, el Gobierno nacional anunció 43 proyectos de infraestructura, entre los que se incluía el saneamiento de las aguas residuales de la ciudad. Sin embargo, su ejecución no se concretó.
Fernando Blanco, biólogo egresado del Instituto Oceanográfico de Venezuela (IOV) —ente adscrito a la UDO Sucre—, reconoció que desde hace mucho tiempo no se evalúa la calidad del agua de mar.
Advirtió que el Instituto Nacional de Espacios Acuáticos (INEA) no cuenta con capacidad técnica para realizar los estudios. Asimismo, en los laboratorios de la Universidad Politécnica Territorial del Oeste del estado Sucre (Uptoscr) no se asumiría el costo político de avalar los resultados en caso de que el agua presente concentraciones de coliformes fecales superiores a los límites seguros para la salud pública y el ecosistema.
Blanco precisó que la planta de tratamiento Laguna de Los Patos tenía capacidad para procesar 260 litros de aguas residuales por segundo, mientras que Punta Delgada procesaba 350 litros por segundo. Esto significa que desde hace 20 años 610 litros de aguas residuales por segundo caen al litoral costero sin tratamiento previo.
«El Gobierno regional hizo un espectáculo mediático en 2025 para anunciar la recuperación de Laguna de Los Patos, pero no instalaron los aireadores; ocurre lo mismo en la planta de El Peñón. Mientras tanto, en la del Palenque (municipio Montes), sólo funciona uno de los seis aireadores para tratar el agua servida de Cumanacoa», expresó el experto.
Sostiene que las plantas de tratamiento deben estar resguardadas por funcionarios de seguridad del Estado, porque dispositivos como los aireadores corren el riesgo de ser robados, para ser usados en sistemas de riego.

Blanco también cuestionó la instalación de baños públicos en sectores como San Luis y la cinta costera —complejo deportivo y recreativo con canchas de pádel, tenis de playa y áreas de esparcimiento—. El especialista señaló que dichos espacios carecen de plantas de tratamiento compactas y emplean pozos sépticos que descargan directamente en el mar.
Mayor riesgo
Según el biólogo, el panorama ha empeorado desde febrero, luego del colapso del túnel Guamacán en el embalse Turimiquire, que ha dejado sin servicio de agua potable a tres municipios de Sucre y a buena parte de la isla de Margarita.
«La situación se agudiza porque hay menor flujo de agua; la materia orgánica se solidifica y crea tapones, que cuando se destapan con las lluvias y las aguas de escorrentía tienen un grave impacto: el excremento va directo a la línea costera y a las calles porque todos los colectores de la ciudad están obstruidos», concluyó el especialista.
A pesar del escenario desalentador, Ana González y Alesandro Lodato continúan activos en su comunidad, aportan propuestas y confían en que en el futuro cercano el Estado venezolano ejecutará las obras pendientes para la protección del eje costero sucrense.
*Ana González es un seudónimo. Por razones de seguridad, la fuente solicitó resguardar su identidad.

