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El cese de las operaciones de Directv en Venezuela tiene muy diversas lecturas e interpretaciones. Me detendré sólo en algunas, las que me parecen más relevante en mi condición de estudioso de la problemática relacionada con la libertad de expresión e información en Venezuela.

Las operaciones de Directv tuvieron en Venezuela un mercado pionero en América Latina. Desde fines del siglo pasado, la empresa de televisión por suscripción ofreció un servicio innovador que se conectó con la realidad venezolana. A diferencia de otros países latinoamericanos, como es el caso de Argentina, cuyo territorio está prácticamente cableado por las operadoras de televisión por cable, la situación en Venezuela fue otra.

Los barrios en cerros, sin agua potable ni telefonía básica, encontraron en la televisión satelital una clara respuesta a necesidades que no se podían satisfacer por vía terrestre. Desde hace una década, a tono con ese servicio en los sectores populares, Directv introdujo el modelo prepago para clientes sin tarjetas de crédito.

Uniendo ambos factores, uno técnico y otro comercial, se encuentra una clara explicación sobre el porqué esta empresa devino en el principal proveedor de la televisión por suscripción. Prácticamente, la mitad de la totalidad de suscriptores venezolanos y un alcance de 10 millones de personas aproximadamente (asumiendo que en cada hogar venezolano en promedio viven unas 5 personas).

No creo que se deba banalizar el cese de Directv por la naturaleza televisiva de este servicio. No es un asunto menor que este cese ocurra precisamente en medio de una cuarentena global por el coronavirus, escenario donde la principal recomendación ha sido “quédate en casa”.

El cese del entretenimiento para muchos

Para no pocos venezolanos, sumidos desde antes en una crisis económica y humanitaria, confinados en sus casas por la inseguridad o la falta de dinero en efectivo para el transporte público, tener un servicio de televisión por suscripción pasó a ser, básicamente, el único medio de entretenimiento.

Ya la Declaración Universal de los Derechos Humanos, de 1948, reconocía el derecho al ocio de las personas. En su artículo 24 reza: “Toda persona tiene derecho al descanso, al disfrute del tiempo libre”. Basado en otros diferentes principios que rigen a los derechos humanos, debe ser potestad de cada persona decidir cómo utiliza su tiempo libre, cómo se entretiene en sus tiempos de ocio.

Si un número significativo de venezolanos había optado por el servicio de Directv para que fuese su opción de entretenimiento, pues era una decisión muy legítima y respetable. El que las personas de forma sorpresiva, abrupta y perjudicial se vean privadas de un servicio por el que estaban pagando, es otra arista reñida con los derechos de los ciudadanos.

Puede argumentarse que esta decisión provino de la casa matriz de la empresa, la telefónica ATT, en Estados Unidos. Según el comunicado de esta firma, se vieron atrapados entre las sanciones de Estados Unidos, que incluyeron al canal privado Globovisión y al canal estatal de PDVSA, y la decisión del gobierno de Venezuela de no ceder a excluir solamente a esos canales y mantener a Directv en Venezuela.

En una de sus decisiones típicas, todo o nada, el gobierno de Maduro optó por nada. Se la jugó para no perjudicar al canal de PDVSA. Canal que mucha gente ni siquiera sabía que existía. Y, sobre todo, se la jugó para demostrar su apoyo a Globovisión.

Esta elección, que surge de la intransigencia oficial, es muy preocupante en el contexto actual. Millones de personas deben estar confinadas en sus hogares, la gran mayoría no tendrá una opción a corto plazo. Para muchos se trata de una vida llena de dificultades cotidianas y, ahora, ni siquiera tienen una opción para desconectarse con alguna serie o película.

Desde mi punto de vista, se le metió más presión a una olla que a veces parece ya a punto de estallar. Pero esta es una lectura netamente política.

Para cerrar, no es tampoco un asunto secundario que el cese de Directv en Venezuela sea una suerte de escalón más en la caída que tienen las libertades informativas y mediáticas en el país. Aunque en ese sentido Directv sea mucho más que un medio de comunicación, para muchos es otra ventana de información y entretenimiento que se cierra en una Venezuela donde la constricción de las libertades no parece tener fin.

Este artículo fue publicado previamente en Efecto Cocuyo


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