Cada vez hay más llamados internacionales a tomar decisiones informadas, planificar y prepararse para la llegada de El Niño; sin embargo, pequeños agricultores como Angélica Párraga apenas han escuchado el nombre de este fenómeno climático en un par de noticias por televisión.
Distante, pero al mismo tiempo con consecuencias directas en su vida, El Niño amenaza con hacer aún más difícil la sostenibilidad de los cultivos de subsistencia en su parcela, ubicada en el municipio San Francisco del estado Zulia, entre ellos los de cebolla larga, yuca, cilantro, lechosa y limón.
“El cilantro ya se me secó por tanto sol, y mirá cómo va la cebolla”, dice Párraga mientras apunta con su dedo las hojas marchitas sobre las barbacoas. Está convencida de que desde hace cinco años ha disminuido la producción.
“Ahora tengo que regar más temprano en las mañanas y después de las 6:00 de la tarde por el sol. Quería sembrar lechuga y acelga y los vecinos me dijeron que no por el calor, ya ellos perdieron barbacoas completas. Ahora que se dice lo de El Niño me preocupa mucho más”, lamenta la agricultora, pese a que jamás escuchó cuáles son las causas, los efectos y cómo adaptarse al fenómeno de El Niño.

Fenómeno de cuidado
Al proceso de calentamiento global que vive el planeta, como consecuencia de la quema de combustibles fósiles principalmente, se le suma El Niño, un fenómeno climático natural que provoca cambios en las pautas meteorológicas en todo el mundo, detalla la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).
El Niño causa impactos en cadena que van desde las sequías y el aumento de las olas de calor a las lluvias torrenciales o los incendios. Al perturbar los regímenes de precipitaciones y de temperaturas, puede repercutir seriamente en la agricultura y los medios de vida rurales. El Centro de Predicciones Climáticas de la National Oceanic and Atmospheric Administration (NOAA), confirmó que El Niño se consolidó durante el mes de mayo y existe un 63% de probabilidad de que se intensifique progresivamente y logre ser un evento muy fuerte.
El meteorólogo Luis Vargas detalló en su cuenta de Instagram que en el caso de Venezuela El Niño produce disminución de las lluvias, sin embargo, eso no quiere decir que no vaya a llover. El especialista prevé que en esta ocasión el fenómeno durará al menos hasta abril o mayo de 2027. “Los efectos no son inmediatos, puede demorar entre unos 30 a 90 días en sentirse en el país. Por los datos históricos, los estados que han presentado sequías han sido Monagas, Anzoátegui, el norte de Bolívar, Guárico, Cojedes, Falcón, Lara y el norte del estado Zulia”.

El fenómeno de El Niño es un evento recurrente. Desde 1950 se han registrado 28 episodios, tres de los cuales han sido de intensidad muy fuerte. Se proyecta que este año, durante el último trimestre, el país experimente un episodio de magnitud similar.
El Estado lo sabe
El Instituto Nacional de Meteorología e Hidrología (INAMEH) documentó que en el episodio de El Niño del periodo 2023-2024 el déficit de precipitaciones osciló entre el 16% y el 20% con respecto al promedio histórico (1991-2020).
La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), por su parte, ha registrado en América Latina que si la producción agropecuaria disminuye se afectan los ingresos de los hogares más vulnerables y su acceso ya limitado a alimentos nutritivos y variados; hay menos superficie cultivada y pérdida de cosechas; deterioro en la calidad de los suelos, y aumento de enfermedades en los animales y muertes.
Estas consecuencias las conocen muy bien el médico veterinario Jesús Vizcaíno y el productor agropecuario Carlos Alberto Soto Parra, quien además es presidente de la Asociación de Ganado Criollo Venezolano (Asocriollo).

La volatilidad de los precios de la leche, el queso y la carne —que ha sido histórica en los periodos de lluvia y sequía—, ahora es más acentuada por el cambio climático y fenómenos como El Niño, que se superponen a esta crisis.
“Prácticamente en mayo no llovió, algo totalmente atípico, y nos preocupa mucho. Si no llueve, muchos tienen que salir de animales, porque no tienen suficiente pasto, suficiente comida para poder alimentarlos. Eso hace que el productor reciba menos ingresos, incurra en gastos de movilización para otras fincas… y todo eso repercute directamente en el bolsillo”, explica el presidente de Asocriollo.
A esta situación se suman problemas de vieja data, como la escasez de combustible, la inflación y la disminución del poder adquisitivo para comprar insumos agrícolas y medicamentos. “Todo eso está candente, agrégale ahora un periodo más intenso de El Niño. A grandes rasgos puedo decir que no estamos preparados”, concluye el médico veterinario Vizcaíno.
En silencio ocurren otros cambios significativos, detectados gracias a sus experiencias en el terreno. Uno de los más preocupantes es el descenso de las aguas subterráneas en los acuíferos durante los últimos 10 años.

El ingeniero agrónomo Eder Conde, con amplia experiencia en el sector platanero en el Sur del Lago de Maracaibo, añade que la sequía baja el rendimiento del plátano y es tema de preocupación para grandes y pequeños productores. Además, existen diferencias económicas que condicionan quiénes podrían tener capacidad para buscar alternativas y quiénes no.
“Cuando actuamos sobre la marcha estamos expuestos y vulnerables al ensayo y error. El productor no quiere perder más dinero y esfuerzos”, dijo Conde.
Dado que El Niño se puede predecir en muchos casos con meses de antelación, es posible plantear acciones preventivas y preparar respuestas de emergencia con anticipación.
En el Zulia, en medio de las limitaciones, algunos productores agropecuarios tratan de afrontar los efectos de El Niño intentando cambiar la mentalidad con respecto al manejo productivo, usando productos de bioestimulación de buena calidad, invirtiendo en pozos y sistemas de riego, aprovechando los desechos orgánicos de los animales que mejoran los suelos, incrementando la sombra, mejorando la ventilación para trabajadores y animales, conservando el pasto, reforestando fincas e implementando sistemas de cordón y bebederos estratégicos.

Más allá de sus esfuerzos individuales, piden al Estado que fortalezcan las instituciones relacionadas con la investigación, la inspección y la divulgación de información; que las autoridades se integren más al campo; que busquen y faciliten la asesoría con profesionales nacionales e internacionales, y abran una cartera de créditos sólida que les permita afrontar los escenarios de riesgo e implementar acciones anticipatorias orientadas a mitigar el potencial impacto.
Párraga, la pequeña productora de San Francisco, ya nota algo distinto en sus tierras, porque cada vez cuesta más que crezca el monte del que se alimentan las vacas y ovejas. “Les doy de comer los tallos de las matas de topocho, que eso los hidrata. Por aquí han venido a prometer, pero nunca nos han dado ni una charla sobre nada. La gente anda loca porque no sabe qué hacer con sus animales. Antes dedicarse a esto era rentable, ya no”.

