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Este metaanálisis muestra cómo los venezolanos evalúan la credibilidad de los medios tradicionales, digitales e interactivos, cómo los utilizan y participan en ellos para informarse, aún con sus sesgos, a contramarcha de la hegemonía comunicacional del régimen.

Lo que sienten y hacen las audiencias son fenómenos cruciales y no siempre visibles. Es un aspecto de la comunicación que tiene incidencia primordial para los medios y los periodistas, al igual que para la cultura de una sociedad y el sano ejercicio de la democracia. Como lo afirma la Corte Interamericana de Derechos Humanos (1985) “una sociedad que no está bien informada no es plenamente libre”.

En esta investigación, abordamos este tema desde la perspectiva de la reacción de las audiencias ante el clima erosivo que ha representado la implementación de la hegemonía comunicacional del chavismo. 2007 marca un hito fundamental: el cierre de la televisora privada más antigua del país Radio Caracas Televisión (RCTV) y la confiscación de sus equipos mostró a una audiencia esquiva a adoptar a TVes como la sucesora impuesta desde el gobierno. Las mediciones de audiencia le hablaron al régimen. Eso significó la migración a la TV por suscripción. La censura se ha extendido a la radio y la prensa escrita. Sin embargo, la ciudadanía se ha empeñado en hallar alternativas para la búsqueda de la información y del entretenimiento también.

La travesía no ha sido totalmente plácida, no solo por la censura en sí y las sanciones normativas sino también porque la infraestructura de los servicios públicos que podrían facilitar la migración digital es paupérrima. Muchas regiones del país viven más horas sin electricidad que con ella, impidiendo en consecuencia el acceso a Internet. A ello se añade que la “maquinaria roja” (ecosistema gubernamental de medios) ha desaparecido medios de comunicación tradicionales de larga data en la provincia. Actualmente hay al menos 90 municipios con cobertura insuficiente de emisoras de radio, televisoras, periódicos y sitios web. Es lo que el Instituto de Prensa y Sociedad en Venezuela (IPYS-Venezuela, 2020) llama desiertos informativos, que dejan a más de 5 millones de venezolanos sin acceso a noticias locales. 

Se ha tratado de explicar la reacción de las audiencias desde la perspectiva de la teoría de la exposición selectiva (Lazarsfeld, Berelson y Gaudet, 1948), según la cual las personas actúan en función de sus sesgos y, al haber perturbación de su canal comunicativo, buscan fuentes alternativas que sean más coincidentes con sus preferencias. Complementa esta visión la propuesta de Schwarz (2000) que relaciona la emoción con la toma de decisiones: si en el venezolano prima el miedo, toma cuerpo una visión pesimista sobre el futuro y con ella llega la parálisis social. Sin embargo, pareciera que la rabia se convierte en motor de una sociedad no dispuesta a ceder ante la agenda autoritaria que censura y desinforma. El gobierno no logra desmovilizar al pueblo, ni alcanza mayor adhesión a sus ideas de revolución. 

Eso no significa que el gobierno cese en sus intentos. Muchas de sus acciones desinformativas no apuntan a convencer, sino a llenar de ruido los canales de comunicación, para fomentar la desconfianza, lo que alimenta la frustración ciudadana. Seguramente el alcance de los medios alternativos todavía es pequeño. No obstante, si después de casi dos décadas de hegemonía comunicacional no hay pensamiento monolítico, significa que en las audiencias habita una rebeldía que los ha convertido en “infociudadanos” y “prosumidores” (productores y consumidores) noticiosos comprometidos.  

Detalles en el más reciente informe de Ana Julia Niño, haz clic en «descarga».


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