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Cada época pone de moda palabras o frases. La de este momento es la palabra pandemia. Y también  —obviamente— coronavirus. Pero junto a estas palabras florecen las especulaciones y pronósticos sobre el mundo post-pandemia. Abundan notas y comentarios sobre cómo será la vida cotidiana o la economía una vez esté controlada la epidemia. Es decir, cómo viviremos en la post-pandemia.

Me detengo brevemente en ese ejercicio prospectivo. A la luz de lo que vivimos hoy, justamente el esquema de predicciones y pronósticos está seriamente amenazado. Nadie, absolutamente nadie, podía prever las dimensiones que tendría la actual crisis sanitaria global cuando se celebraba la Navidad y nos deseábamos lo mejor para el año 2020.

Es difícil dar por sentado alguna proyección hecha desde el aquí y el ahora sobre cómo será el mundo post-pandemia. En realidad, no tenemos idea del mundo que nos espera. La incertidumbre reina en todos los ámbitos de la vida social.

Partiendo de estos puntos, planteo acá tres dimensiones que a mi modo de ver deberán caracterizar el ejercicio periodístico post-pandemia.

En primer término, y sin duda alguna, cobra una importancia capital el periodismo especializado. En países como el nuestro nunca tuvieron un gran desarrollo, pero en diversos momentos hubo figuras destacadas en el periodismo científico o el periodismo de salud. Una vez que se haya controlado el coronavirus será urgente la formación de periodistas en temas científicos y sanitarios. Desde el contexto especifico de Venezuela, ello está revestido de urgencia.

Necesitamos periodistas capacitados en temas de salud pública, epidemiologia, infectología, vacunación, y el etcétera es largo. Los periodistas no van a sustituir a los médicos y especialistas, pero deben tener una preparación mínima para hacer las preguntas correctas y colocar en el contexto adecuado lo que expresan autoridades sanitarias, personal de salud y las propias personas afectadas.

Ya en algún momento, en este mismo espacio, nos referimos de pasada al periodismo de soluciones. Esta práctica periodística de colocarse en los zapatos de los ciudadanos y brindarles información práctica ha quedado en evidencia, en el actual contexto, como un asunto de absoluta necesidad.

Imaginemos medios de comunicación que, en un país en el cual se acabó la data oficial, brinden información sobre las farmacias de las ciudades principales con sus números de teléfonos, en el cual se encuentren consejos prácticos para hacer frente a problemas domésticos, o sencillamente se brinde información sobre las consultas psicológicas o jurídicas que las universidades ofrecen de forma gratuita como parte de su servicio social. Se trata nada más y nada menos que ponerse al servicio de la ciudadanía.

Esto me conecta con un último aspecto. Un periodismo en la post-pandemia, así como en plena epidemia, debe ser un periodismo humano. Parece una perogrullada, pero es capital que medios y periodistas entiendan que la esencia de su trabajo es el ser humano. Las personas están en las dos puntas del hilo de una historia periodística, al inicio siendo la fuente o el protagonista de lo que se cuenta, y al final siendo el público que lee, escucha o ve.

Y en medio está el periodista, otro ser humano que tiene el privilegio de unir las dos puntas de ese hilo.

Este artículo fue previamente publicado en Efecto Cocuyo

Foto: cortesía EFE


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