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El prestigioso The New York Times anunció recientemente su decisión de suspender la generación de contenido original en español, un proyecto que vio luz en 2016 precisamente liderado, entre otros, por el venezolano Eli López.

Durante varios días, y desde muy diferentes puntos de vista, periodistas que habían formado parte del proyecto y otros ajenos a éste manifestaron su tristeza por esta decisión. El proyecto NYT en Español, como se definía, había logrado consolidar una producción periodística combinando trabajos originales y traducciones a nuestro idioma de algunas piezas difundidas originalmente en inglés. La coordinación de este proyecto se llevaba desde México.

La decisión de cerrar esta edición digital en español, en mi opinión, pone de relieve al menos tres características de la era que vive el periodismo a nivel global. Se trata de un tiempo en el cual hacer un producto de calidad no es sinónimo de rentabilidad. Está el periodismo, y eso ya lo hemos acotado en otros textos, en una etapa de transición profunda y se camina en medio de la incertidumbre sobre la viabilidad de cualquier proyecto periodístico.

La primera característica que observo es que tener el respaldo de una gran marca no te asegura el éxito. The New York Times es, sin duda, uno de los grandes nombres en el periodismo contemporáneo. No es sólo una gran marca, asociada al periodismo de calidad, dentro de Estados Unidos sino que ha pasado a ser ícono global de la información.

Ser parte de una marca poderosa no le garantiza la viabilidad a un proyecto

Creo que ésta es una de las grandes lecciones que nos deja este caso a todos los que una u otra forma estamos involucrados en el mundo del periodismo y la información.

La segunda lección, y muy importante, es que “business is business”, aquello de que negocios son negocios, está claramente asociada a esta experiencia fallida. En su comunicado para anunciar el fin de las operaciones, NYT en Español por un lado aseguraba haber consolidado un proyecto robusto desde el punto de vista periodístico, pero “no demostró ser financieramente exitoso”.

Este parece uno de los quid fundamentales. Hacer buen periodismo no es sinónimo de éxito económico. Y el “cochino dinero”, es asunto central para pensar en la viabilidad de cualquier emprendimiento periodístico.

El equilibrio entre un producto de calidad, en materia informativa, y su sustentación financiera, es la apuesta de hoy. Ni siquiera un emporio mediático, como es el caso del NYT, se da el lujo de mantener a pérdida un buen trabajo periodístico.

La labor del periodista emprendedor, en este tiempo, es ampliar su concepción para que sus proyectos sean sostenibles en el tiempo.

La tercera, y sin duda lo que arropa a todo esto, es que vivimos en una era que podríamos calificar de “tiempos líquidos”, parafraseando al polaco Zygmunt Bauman.

Ya el argentino residenciado en México, Néstor García Canclini, había asociado la imagen de lo líquido con la información y la comunicación en este tiempo.

Bauman asocia lo líquido con incertidumbre. Y si una palabra ayuda en este momento a definir a la práctica y a la empresa periodística es precisamente la incertidumbre. Asumir que no hay certezas es tal vez lo único cierto de este tiempo, cuando se habla de lo que otrora fue una muy predecible y pujante industria de medios de información.

Autor: Andrés Cañizález

Este articulo fue previamente publicado en la web de Efecto Cocuyo


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