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Maduro sumó más horas en cadenas que Chávez. Mientras Maduro tenía todo ese espacio, la dirigencia de la alternativa democrática estaba reducida a reseñas de un minuto en los noticieros de televisión, en el mejor de los casos.

Al iniciarse 2014 resultaba conveniente repasar y hacer un balance del año previo. Venezuela vivía una etapa de consolidación del chavismo. El régimen había sobrevivido a la muerte del padre fundador y el chavismo se reinventaba sin la presencia de Hugo Chávez.

Una razón primordial, más allá de las explicaciones políticas e institucionales, estaba en la dimensión comunicacional. Una razón de peso, para que Nicolás Maduro se entronizara como cabeza del chavismo y por tanto del Estado, debía buscarse en el ámbito mediático.

El aparato comunicacional y de propaganda oficial, junto al control efectivo sobre la información en los medios privados, especialmente de televisión, resultaron factores determinantes para esa consolidación de Maduro en el poder.

La herencia de Hugo Chávez no consistió solamente en dejarle un partido, unas fuerzas armadas alineadas con el proyecto de hegemonía, un apoyo incondicional de sus militantes o el control sobre el Estado, sino que también le dejó el monopolio de la palabra pública, un asunto crucial en cualquier acción política en las sociedades contemporáneas.

El poder de Maduro se cimentó con su presencia mediática, potenciada en 2013, junto al silenciamiento de las voces disidentes y en particular el eclipse mediático que ensombreció a Henrique Capriles, como una política oficial para debilitar al liderazgo opositor de entonces.

Maduro tuvo en 2013 un promedio de exposición televisiva de dos horas diarias; sí, dos horas al día. Casi media hora diaria en cadena y el resto en alocuciones que sólo transmitía el canal oficial Venezolana de Televisión. Si asumimos que una jornada laboral promedio ronda las ocho horas, el jefe de Estado le dedicaba una cuarta parte de su tiempo como gobernante a mostrarse en tal función a través de la pantalla chica. 

Ha sido una estrategia que debe verse más allá del papel mediático que tuvo en su momento Chávez. Maduro necesitaba que el país le conociera y le aceptara, y eso es lo que ocurrió en 2013. 

La aparición televisiva de Maduro tuvo dos facetas: Entre el 1° de enero y 31 de diciembre de 2013 Nicolás Maduro habló 169 horas en cadena nacional de radio y TV, lo cual equivale a 28 minutos diarios. Las cadenas nacionales de radio y televisión le permitieron al jefe de Estado monopolizar la palabra pública. Ninguna otra voz, ningún otro mensaje puede transmitirse por toda la radio y televisión de Venezuela mientras una cadena está al aire.

Las cadenas presidenciales de radio y televisión llegaron a ser una forma de censura directa por parte del chavismo.

Maduro sumó más horas en cadenas que Chávez. En 2012 el número de horas de cadenas fue de 145, lo cual implica que en 2013 hubo un aumento de exposición de la voz del poder a través de este mecanismo coercitivo.

La otra estrategia fue el uso de la señal del Estado Venezolana de Televisión (muchas veces retransmitida por otros canales): Entre el 1° de junio y el 31 de diciembre Maduro habló 295 horas a través de la señal de VTV, eso equivale 94 minutos diarios, algo más de hora y media.

Mientras Maduro tenía todo ese espacio, la dirigencia de la alternativa democrática estaba reducida a reseñas de un minuto en los noticieros de televisión, en el mejor de los casos. Ha sido, sin duda, una asimetría sin igual, con impacto en la dinámica del poder en Venezuela.

Articulo publicado previamente en El Estímulo

Foto cortesía: La Patilla


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