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Caminamos a tientas, en una suerte de oscuridad global. Reina la incertidumbre, el no saber qué va a pasar, y eso no es exclusivo de países como los nuestros, donde lo usual es que cualquier cosa puede pasar.

La expansión global del coronavirus ha llevado a que la Organización Mundial de la Salud declare la pandemia, lo cual habla de su expansión geográfica y no necesariamente de su gravedad. Es sin embargo, la primera pandemia que tiene lugar en un mundo hiperconectado. Se trata de la primera epidemia global con una sociedad conectada a las redes sociales.

Para el periodismo, especialmente el que se hace local o nacionalmente, surgen a mi modo de ver mandatos muy claros sobre el tratamiento periodístico del coronavirus y sus correlatos, ya que no sólo genera un impacto humano-social y sanitario, sino económico y comercial, al tiempo que tiene un trasfondo político.

El primer mandato periodístico, aunque suene de Perogrullo, es precisamente informar. Informar significa procesar y dar a conocer aquello que es relevante. En medio de un maremágnum de acontecimientos, una tarea periodística es discernir y lograr separar la paja del trigo. Se trata de presentarle y compartir con el público aquello que es genuinamente relevante. 

No es momento para galimatías pseudocientíficas, que abundan, sino que en nuestro rol de periodistas consultar y contrastar a fuentes confiables que puedan dar certezas médicas, orientaciones psicológicas y consejos prácticos ante lo que vivimos.

Es un buen momento para el periodismo de soluciones, entendiéndolo como una práctica periodística en la que nos ponemos en los zapatos del otro, en este caso nos ponemos (y eso es todo un desafío ético), en los zapatos de todos los seres humanos no sólo afectados directamente por el virus, junto al sufrimiento de ellos y sus familiares, sino que también damos respuesta periodística a la angustia colectiva que pueda vivirse a nivel local o nacional.

Un segundo mandamiento, en este tiempo de coronavirus, es combatir las fake news y las campañas de desinformación que están en marcha.

Para los periodistas no se trata sólo de ser periodísticamente responsables con lo que se genera, y eso significa no falsear la realidad ni hacerse eco de campañas que buscan desinformar y desorientar al público; en el contexto actual hay un desafío mayor. Creo que todos debemos activamente desmentir las noticias falsas por todos los canales de comunicación que estén a nuestro alcance, incluyendo las redes sociales personales.

No se trata de evitar las fake news en lo que generamos o reproducimos, sino de ser activos en desmontarlas y/o denunciarlas cuando tengamos elementos que nos permitan asegurar su falsedad.

Finalmente, desde el periodismo se debe interpelar al poder, en medio de una pandemia que pone en riesgo la vida de miles de personas, en cada uno de nuestros países.

Foto cortesía: El Nacional


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