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No pocos han alabado al sistema chino, que gracias al control sobre sus ciudadanos, habría puesto coto a lo que pudo ser peor si el coronavirus se hubiese propagado por el gigantesco territorio de ese país. Es una hipótesis.

Comparto, sin embargo, un punto de vista diferente. El modelo de control de los ciudadanos, en el cual la censura de la información es herramienta clave, tal vez evitó que el resto de países se preparara con antelación y eso terminó convirtiendo al COVID-19 en una pandemia. En este artículo me basaré en los reportes e informes de la organización Reporteros Sin Fronteras (RSF).

En cualquier caso, en relación con lo que ocurre en China, en relación con el coronavirus, difícilmente sabremos exactamente qué pasó. El régimen sacó a los periodistas internacionales de los lugares neurálgicos, con lo cual solo existe la versión oficial.

Censura y falta de libertades

En primer lugar conviene pasearse por el contexto general. La falta de libertades es lo que distingue a China desde que se instauró el régimen comunista en 1949. La Declaración Universal de los Derechos Humanos, de 1948, ha sido literalmente letra muerta en el gigantesco país de Asia.

“La falta de libertades es lo que distingue a China desde que se instauró el régimen comunista.”

La censura en China se ha perfeccionado en la era digital. “Apoyándose en el uso masivo de las nuevas tecnologías, el presidente chino, Xi Jinping, ha logrado imponer un modelo de sociedad basado en el control de la información y la vigilancia de los ciudadanos”, sostiene RSF

En la China que no pocos alaban, más de 60 periodistas y blogueros se encuentran tras las rejas en condiciones deplorables. El régimen es inflexible, incluso en situaciones de carácter humanitario. En 2017 Liu Xiaobo, quien recibió el Premio Nobel de la Paz (2010) y el Premio por la Libertad de Prensa de RSF (2004), y el bloguero Yang Tongyan murieron de cáncer. Ninguno recibió el tratamiento médico adecuado cuando estaban encarcelados.

Las sanciones no son sólo para quienes escriben o difunden. La búsqueda de información por parte de ciudadanos, en temas que el régimen chino considera sensibles, puede significar la cárcel. Incluso cuando se hace uso de un servicio de mensajería “privada”. Las comillas son intencionales, ya que no hay privacidad. El gran hermano, el Estado dirigido por el Partido Comunista, observa todo, y los ciudadanos lo saben.

La información que se ocultó

Reporteros Sin Fronteras, en relación con la propagación global del coronavirus, presenta esta doble cara del régimen: “El día que China alertó oficialmente a la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre la existencia de una neumonía de origen desconocido, de forma simultánea obligó a la plataforma de discusión WeChat a suprimir un gran número de palabras clave que aludían a la epidemia”. Dicho en lenguaje popular, luz para la calle, oscuridad en la casa.

Un informe específico realizado por RSF concluye lo siguiente: “Sin el control y la censura impuestos por las autoridades de China, los medios chinos habrían informado a la ciudadanía mucho antes de la gravedad de la epidemia de coronavirus, salvando así miles de vidas y evitando, quizás, la actual pandemia”.

Me permito tomar en extenso lo señalado por Reporteros Sin Fronteras. Una investigación publicada el 13 de marzo por la Universidad de Southampton (Inglaterra) devela que Pekín podría haber reducido en un 86% el número de contagios si hubiera impuesto dos semanas antes las medidas de confinamiento que adoptó el 22 de enero. Sin embargo, el primer caso documentado de una persona infectada por el nuevo coronavirus se remonta al 17 de noviembre, un hombre de 55 años de la ciudad de Wuhan.

Pero aun cuando en ese momento los médicos solo hubieran podido certificar una “neumonía de origen desconocido”, un mes después, el 20 de diciembre, las autoridades ya sabían que al menos 60 pacientes en Wuhan sufrían una “neumonía desconocida similar al SARS” y que varios de ellos habían frecuentado el mercado de pescado de Wuhan.

“Si las autoridades no hubieran ocultado a los medios la existencia de un brote epidémico vinculado a un mercado muy popular, el público habría dejado de visitar este lugar mucho antes de su cierre oficial, el 1 de enero”, reflexiona RSF.

Tenemos ya, y tendremos en este tiempo, un intenso debate sobre la efectividad de contener la expansión del COVID-19 por parte de un régimen autoritario en contraposición a lo que ocurre en las democracias.

La supuesta “protección” de la salud de ciudadanos, pero en un contexto en el cual éstos están desinformados y sin posibilidad de saber a ciencia cierta las dimensiones del problema, no hace mejor a un régimen que niega las libertades básicas. Y esto es un asunto central.

Este artículo fue previamente publicado en Efecto Cocuyo


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