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Semanas atrás abordamos el caso en el que está envuelto el muy destacado periodista argentino Daniel Santoro. Un caso rocambolesco: A Santoro se le señala por haber tejido amistad y confianza con una fuente, que a su vez era un falso abogado y que señala al periodista de ser su informante.

El diario La Nación de Buenos Aires sintetizó la situación del reconocido periodista, una de las grandes firmas del grupo Clarín: el juez Alejo Ramos Padilla procesó a Santoro por presunta coacción y tentativa de extorsión en la causa que investiga supuestos actos de espionaje ilegal y extorsión sobre distintos empresarios. El juez señaló que el periodista habría participado de al menos dos hechos, pero sostuvo que no formó parte de la asociación ilícita.

A Santoro se lo investiga por la extorsión del falso abogado Marcelo D’Alessio sobre el exdirectivo de Petróleos de Venezuela (PDVSA), Gonzalo Brusa Dovat, y del empresario Mario Cifuentes. D´Alessio insiste vincular a Santoro en diversas tramas y ha mostrado “pruebas” de la supuesta amistad que se tejió cuando él era una de las fuentes del reconocido periodista argentino de investigación. De trasfondo está toda la trama de corrupción que develaron los trabajos de Santoro en la era del Kirchnerismo, antes del período presidencial de Mauricio Macri.

Sobre aquel caso no hay decisiones en firme, aún, pero se ha  convertido en un elemento que ha generado una grieta (la imagen argentina de la polarización) entre las organizaciones que reúnen al periodismo argentino.

El tema de la relación entre periodista y fuente la ha colocado en el tapete, nuevamente, Ewald Scharfenberg, periodista venezolano que fue obligado a abandonar el país. Ex corresponsal de El País de España en Caracas y fundador del portal Armando.Info. En este momento, Ewald es una voz venezolana muy reconocida en los foros latinoamericanos de periodismo.

“Estudiantes de Periodismo, por favor vean: este es un ejemplo de cómo NO debe ser la relación entre periodista y fuente”, escribió Scharfenberg el pasado 27 de octubre en su cuenta en Twitter haciendo mención al vídeo difundido por la también periodista Shirley Varnagy.

En ese video, Shirley intercambia de forma amistosa con el empresario Lorenzo Mendoza, en plan de presionarlo para que finalmente éste acceda a brindarle una entrevista. La periodista cuenta con un espacio informativo en horario estelar a nivel nacional por el Circuito Onda y un programa de entrevistas en el canal por suscripción Venevisión Plus.

Cuando abordamos semanas atrás el caso Santoro apelamos en extenso a las reflexiones del maestro de ética Javier Darío Restrepo. Entre aquel momento y ahora el maestro se nos fue y sus palabras no pierden vigencia alguna.

Cuando se hace un trabajo periodístico netamente informativo no caben dudas, debe existir una sana distancia entre el periodista y la fuente a la que va a entrevistar. Esto parte de la idea de que el periodista se acerca a la fuente con un único fin, obtener una opinión o dato que tiene el entrevistado. Si ambos no se conocen previamente no parece un asunto descabellado.

De acuerdo con Restrepo, la relación fuente-periodista no puede estar mediada por el afecto, la amistad o el parentesco: la dependencia tiene que ser neutralizada por un cotejo severo con otras fuentes.

¿Y qué hacer cuando el periodista y la fuente se conocen previamente? No hay claridad en qué hacer si ya soy amigo, previamente, de alguien que está en una posición pública relevante que eso, en sí, lo hace de interés noticioso.

Algunos manuales de periodismo cuando abordan la entrevista de personalidad no descartan que se teja una cierta complicidad, de la cual el periodista sabiamente debería sacar ventaja a la hora de entrevistar a esa fuente que nos contará sobre su esfera personal.

En otra acera, de la entrevista que no siempre hacen periodistas sino otras figuras del espectáculo, el muy conocido David Letterman, en Estados Unidos y por dos décadas, se aproximó a muchos de sus entrevistados precisamente a partir de la amistad previa que les unía.

Entre las diversas reacciones que levantó el mensaje de Ewald en Twitter se puso de relieve la relación fuente-periodistaen el mundo deportivo venezolano. Por razones diversas e históricas, en el caso de Venezuela muchos periodistas viajan en el mismo bus que los jugadores de los equipos a los cuales le dan cobertura. ¿Puede haber luego la sana distancia que nos recomienda Restrepo?

Muchas de las interacciones personales entre las fuentes y los periodistas permanecen ocultas. Un conocido periodista, vinculado al tema de la libertad de expresión, sostenía una estrecha amistad con un líder político opositor y eso no era un asunto que ni él ni otros cuestionaran, y desde esa complicidad tejieron acciones en defensa de las libertades en Venezuela.

Por otro lado, las redes sociales son vitrina pública y esa es una arista que a veces se olvida. La olvidan también los periodistas, cuando se difunden sin filtro conversaciones que tienen un tono privado.

A veces las amistades generan productos periodísticos memorables. Recuerdo por ejemplo, a propósito del primer aniversario del fallecimiento del entrañable Teodoro Petkoff, cómo desde la cercanía y amistad Ramón Hernández produjo un trabajo impecable: “Teodoro Petkoff. Viaje al fondo de sí mismo”, editado en 1983.

Si finalmente Lorenzo Mendoza cumple su promesa, y en este 2019 le concede la entrevista a Shirley Varnagy será este producto, la entrevista en sí, el que deberá estudiarse en el futuro.

Sin embargo,  queda otro aspecto y tiene que ver con la manera como el accionar en redes sociales compromete la credibilidad de un comunicador social. El episodio de Varnagy con Lorenzo Mendoza, y cuya intención pareció ser dejar de manifiesto el afecto mutuo que comparten, carga de prejuicios al producto periodístico. Después de tal manifestación de camaradería y complicidad, cualquiera puede pensar que de darse, será una entrevista complaciente, auntocensurada o con temas previamente pactados para no hacer daño. Entonces, la recomendación que hace Scharfenberg en su twitter debe ser tomada muy en cuenta.

Shirley Varnagy tendrá un serio desafío. Si es una entrevista informativa mostrar garra periodística y contrastar lo que diga el empresario con otras fuentes, si nos guiamos por los consejos de Restrepo. Si se trata de una entrevista de personalidad, en tanto, la complicidad con la fuente puede ser puerta de entrada pero también telaraña de la que no es fácil escapar.

Autor: Andrés Cañizalez


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