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Diré de entrada lo que podría parecer para algunos académicos una herejía. Periodismo e historia son cara y reverso de una misma moneda. Los periodistas narran el presente y los historiadores narran el pasado. Y más aún, la narración histórica contemporánea tiene en el periodismo, especialmente en los medios impresos, una fuente central para la reconstrucción de lo que ocurrió en una sociedad.

Esta conexión entre lo que escribe un periodista, en la actualidad, por ejemplo, y el uso que el historiador en un futuro puede hacer de aquello es crucial para poder reconstruir el pasado. El periodismo, desde ese punto de vista, juega un rol seminal en la construcción de la memoria nacional, regional o local.

El tema ha cobrado interés en estos días en Venezuela. Un tweet de la periodista Laura Helena Castillo desencadenó diversos comentarios, entre los cuales estuvieron varios que escribí, respuestas, explicaciones y conexiones de diversa índole.

“Trabajé 15 años en El Nacional. Desde antes de graduarme de periodista. Extraño siempre su sala redacción. Hoy una amiga me pidió algunas notas mías y 15 años —y cientos de notas— se disolvieron en 8 entradas de Google después de que volaran el archivo digital. Desaparecí”, sentenció Laura Helena en Twitter.

Periodistas como Maru Morales, Yelitza Linares y otras firmas que distinguieron a El Nacional corroboraron que toda su producción no estaba en línea.

En medio de tantas urgencias y una crisis que no parece tener fin, este es in duda un gran tema. Los periódicos, que otrora circulaban en ediciones impresas, se quedaron sin archivos ni en físico ni en digital. Para volver sobre la memoria de este período, me pregunto ¿qué harán los historiadores del futuro?

No sólo desapareció el archivo de El Nacional, que en su momento al igual que El Universal contaban con atención al público en sus sedes para que los investigadores pudieran revisar ediciones de otras épocas, también ocurrió con Últimas Noticias.

Pude visitar las sedes de unos 30 periódicos regionales de Venezuela, cuando aún se editaban en versión impresa, y debo decir que, salvo contadas excepciones, en su gran mayoría no existían esfuerzos por tener de forma ordenada y sistemática las colecciones de lo que publicaban.

Era muy lamentable, pero no se entendía, y hablo de la primera década de este siglo, del rol público que juega cada medio en su ciudad o localidad, y que en aras de prestar un servicio público a la ciudadanía está —a mi modo de ver— el papel de ser fuente para la memoria social. No había una crisis aguda económica, de hechos muchos de ellos habían invertido en rotativas o remodelaciones, hablo de antes de 2010.

Los últimos años del chavismo acabaron con las ediciones impresas de la gran mayoría de los periódicos del país. No pocos sobreviven con ediciones semanales de carácter más testimonial (dado el número reducido de páginas), en su gran mayoría se fueron a la web, tratando de mantener vivo el recuerdo de su marca en la audiencia. De nuevo, con excepciones muy contadas, no hubo en esta metamorfosis al mundo digital el empeño en contar con archivos digitales robustos, que fuesen de fácil acceso al público.

Hay acá, en el país, desde mi punto de vista, una enorme falencia entre nuestros medios (otrora impresos, hoy digitales), sus propietarios y editores. También debemos incluir a periodistas, académicos y ciudadanos. No se percibe la importancia del documento periodístico como legado, como registro de nuestra época.

La responsabilidad mayor es, sin duda, de las empresas, que no terminan de comprender que su compromiso social debe manifestarse en su propio ámbito, en el terreno del periodismo y de la información. El archivo periodístico de cada empresa mediática, planteado como un servicio para ciudadanos y estudiantes, para investigadores, y como instrumento de trabajo para sus propios periodistas.

 Y no hablamos de lo que podría ser, en un futuro, una oportunidad de negocios, cuando haya certezas económicas y políticas en Venezuela. En diversos países del Norte existen largamente suscripciones pagas para poder acceder a los archivos digitales de periódicos muy emblemáticos.

Obviamente se trata de hacer una apuesta al largo plazo, y eso tal vez es una utopía para muchas empresas periodísticas en el país que en estos tiempo sólo están enfocadas en apenas sobrevivir.

Este artículo se publicó previamente en Efecto Cocuyo


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