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Asumir la tarea de alzar la mirada e intentar vislumbrar lo que sucederá en Venezuela en el año 2020, en medio de nuestra más profunda crisis sistémica y republicana, pudiera entenderse como una completa osadía, ante la enrevesada complejidad que definen nuestros días.

El absoluto e irreductible deseo de cambio, como aspiración no sólo personal sino colectiva, y las señales del cierre de ciclo que presenciamos, aunque su definición se extienda y adquiera ribetes asombrosos y dolorosos, destrozando nuestra paciencia y poniendo a prueba lo cordura de muchos, nos lleva a sumergirnos en un ejercicio prospectivo, apelando más a la voz de la intuición, la percepción y la creatividad, que a la rigurosidad de modelos matemáticos o simulaciones estadísticas.

El panorama que muestra en su superficie la situación política venezolana, a estas horas, luce una suerte de inercia, de parálisis y estancamiento, en términos de la correlación de fuerzas de todos los actores políticos involucrados, y de la capacidad de éstos para empujar y forzar resoluciones o definiciones claras hacia el predominio de uno sobre otro.

Pero debajo de ese panorama o percepción generalizada, hay resortes que se mueven, hay intereses que chocan o se alinean, hay tableros de alcance geopolítico que se amplían o reducen según el poder y alcance de los actores, y sobre todo, hay una lucha abierta entre los representantes de un modelo autoritario que se niega a ceder su poder, después de 20 años de usufructo y colonización de todos los espacios sociales, y quienes defienden la restitución de un modelo democrático, que se acerque más a los estándares de libertad política y económica que la civilización global exhibe hoy.

Cualquier esfuerzo analítico, cualquier aproximación o ejercicio intelectual que se plantee bosquejar futuros posibles para Venezuela en el corto plazo, debe permitirnos además de la lógica previsión y claridad estratégica, algo no menos importante y urgente, en este clima de ansiedad y pesimismo reinante: Recuperar nuestro sentido de futuro.

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Foto: Efe Venezuela


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