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Venezuela vive desde hace más de un año una generalizada crisis eléctrica que se sumó a la desaparición de periódicos impresos en casi la totalidad del país. Y sin electricidad no hay internet. Entretanto, en los canales nacionales de televisión del Estado reina la propaganda, y en los canales privados priva la autocensura.

Los venezolanos viven tiempo de fragmentación noticiosa (no todos estamos informados de lo mismo de forma simultanea), junto a una clara desinformación (el gobierno miente en algunos casos y en otros construye una narrativa que no tiene contrapesos), y a eso se suma la debilidad –en términos de impacto- que caracteriza al periodismo independiente.

En un contexto como este, cabe preguntarse ¿cómo hacen los ciudadanos para informarse? ¿qué medios y recursos utilizan para acceder a las noticias? La Asociación Civil Medianálisis realizó una investigación cualitativa en el primer trimestre de este 2020 para dar respuesta a estas interrogantes.

La investigación estuvo a cargo de los politólogos Piero Trepiccione y Ricardo Ríos. Si bien se efectuaron grupos focales en el estado Lara solamente, tengo la percepción de que lo registrado puede extrapolarse a buena parte del país. La periodista Mariangel Durán realizó una buena síntesis de la cual tomo algunas citas. El estudio completo puede descargarse en este link.

Ha ocurrido una mutación importante. A fines de los años 90 la televisión reinaba como principal referente informativo para los venezolanos. En este 2020, entretanto, los participantes del grupo focal realizado en el oeste de Barquisimeto atribuyeron poca credibilidad a la televisión y consideraron que las televisoras regionales tienen poca cobertura.

En las intervenciones, además, salió a relucir que la señal de los canales nacionales -y algunos regionales- es defectuosa, por lo que muchos colocan los canales a tempranas horas de la mañana y solo se dedican a escuchar algunas informaciones mientras desarrollan sus rutinas previas al trabajo o el estudio.

Para los asistentes del grupo focal realizado en la zona este de Barquisimeto, en el que también participaron habitantes del municipio Palavecino, la televisión no es el medio más utilizado para informarse, a menos que sea para asuntos locales. Algunos la utilizan como una especie de acompañamiento en la rutina matinal. “No la veo, la oigo mientras me preparo en la mañana” comentó uno de los asistentes.

Otros hicieron referencia a sintonizaciones ocasionales de los canales nacionales Televen y Globovisión, en este último por cierto se mencionaba como espacio sintonizado el programa “Vladimir a la una”, que en este momento ya no está al aire. Según el periodista Vladimir Villegas fue censurado por directrices del propio presidente Nicolás Maduro.

En Guarico, zona campesina del municipio Morán tradicionalmente productora de café, dijeron tener mala señal y poca cobertura de los distintos canales televisivos. Allí, sin embargo, los medios regionales no se sintonizan.

“Entonces la televisión venezolana está como muchos venezolanos, con miedo de hablar, opinar y decir las cosas. A veces veo CNNE, porque tenemos DirecTV y canales que no sean de aquí, para ver qué dicen”, dijo un participante de la zona rural. Este grupo focal se efectuó antes de que se suspendiera el servicio de DirecTV en Venezuela.

La crisis en los servicios básicos, en especial los constantes cortes eléctricos y fallas de conexión a internet, han impulsado un cambio en el patrón del consumo de noticias. Por ejemplo, en las tres sesiones, los asistentes manifestaron que antes revisaban las redes sociales o los portales informativos en las mañanas antes de salir de casa o al llegar en la tarde, después de la jornada laboral diaria, pero desde el mega apagón nacional de marzo de 2019 no pueden hacerlo con frecuencia.

“En Guarico las fallas de comunicación nos limitan en muchos sentidos. A algunos esto les da inseguridad, se sienten extraños por recibir la información a destiempo”, dijo un habitante de esta zona rural.

Sin embargo, el grupo focal efectuado en el este de Barquisimeto, un sector social de corte más profesional y con mejores ingresos, no manifestó con tanta relevancia que las limitaciones de servicios (cortes de luz e internet) limitaran su capacidad de estar informados.

Se manifestó una sensación de desinformación en algunos de los participantes. “A pesar de ver las noticias, yo no me siento informado. También los medios van perdiendo influencia; se hacen denuncias y nadie las atiende o se desvalorizan los planteamientos con tildarla de este bando o de otro e incluso hay medios que se autocensuran”, dijo uno de los participantes.

“Aquí llegaba El Impulso, El Informador, El Nacional y La Prensa. Pero con el paso del tiempo eso se acabó”, sentenció otro. Esta es la fotografía de una sociedad fragmentada y desinformada.

Este artículo fue previamente publicado en El Estímulo


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