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Periodistas de la televisión nacional y regional son víctimas de presiones, despidos y medidas que restringen su labor. En ese contexto las informaciones falsas circulan con más libertad que las veraces

Por Verónica Bastardo e Ysabel Viloria

El periodista Vladimir Villegas, exministro en la gestión de Hugo Chávez y hermano del actual ministro de Cultura (Ernesto Villegas), también fue víctima de censura en la televisión de señal abierta. Tuvo que dejar su espacio de opinión diario por “presiones directas del gobierno”, denuncia una y otra vez. El 26 de mayo, luego de dos meses de las medidas de confinamiento para contener los contagios del coronavirus en el país, transmitió su última aparición en Vladimir a la 1.

“Me convocaron a una reunión. Me explicaron que había una presión muy fuerte de Miraflores, directamente de Nicolás Maduro, y tenía que tomar la decisión (de irse de Globovisión). Entendí que el canal, al igual que todos los medios de comunicación en Venezuela, están sometidos a una presión indebida, para controlar los contenidos y las críticas”, dice tajante.

El Instituto Prensa y Sociedad (Ipys) de Venezuela ha registrado la sistematización de la censura en medios audiovisuales. En el caso del medio televisivo de señal abierta Globovisión, en el que se transmitía el programa de Vladimir Villegas que estaba por cumplir siete años al aire, varias investigaciones apuntan que desde la venta del canal en 2013 han salido del aire distintos programas (en su mayoría de opinión), así como también se han arreciado los controles de contenidos en las corresponsalías de las regiones.

La ONG Espacio Público también ha registrado el progresivo deterioro de la pluralidad en las transmisiones informativas de Televen, otro canal de señal abierta. En febrero de 2018 este canal fue objeto de sanciones por la cobertura de las elecciones de la Asamblea Nacional Constituyente -realizadas en julio de 2017-, en respuesta a las denuncias realizadas por Nicolás Maduro.

“Al convertirse en un mecanismo de censura, obviamente el periodista pierde espacios en los que pueda informar aquellos hechos noticiosos que son del interés público y colectivo. Por lo que también se está afectando al ciudadano porque este deja de recibir la información, la noticia, el hecho informativo y no tiene posibilidades de establecer criterios y opiniones frente alguna situación en particular que le atañe, que le importe o que le incumba como miembro del país”, enfatiza Gregoria Díaz, delegada del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa, en el estado Aragua.

En ese contexto, cuando los espacios informativos salen del aire, la credibilidad de los medios desmejora según investigaciones de Medianálisis. Entonces, las informaciones falsas se apoderan de la atención de la ciudadanía desde fuentes alternativas a los medios tradicionales y comienzan a ser virales por redes sociales y mensajerías instantáneas, aprovechando ese vacío de información aunado a la necesidad informativa de una audiencia desatendida.

La sindicalista esgrime que se viola el derecho de acceder a la información y también el derecho de trabajar, ya que se cierran oportunidades de ejercicio profesional. El peor daño lo reciben las audiencias con la violación del derecho a estar informados de manera oportuna y veraz, lo que abre la puerta a la desinformación.

Una investigación cualitativa realizada por Medianálisis en Barquisimeto durante el primer trimestre de este año revela que la televisión cuenta con poca credibilidad: “Consideran que las televisoras regionales tienen poca cobertura (…) y la señal de los canales nacionales -y algunos regionales- es defectuosa”.

La censura de la censura

Hay casos de figuras famosas que suenan y resuenan. También hay otros menos reseñados que permanecen en silencio, en las sombras. Subregistros de despidos de quienes sufren las consecuencias de la censura sin poder siquiera quejarse de ella por temor a perder oportunidad de trabajo.

Francisco (nombre ficticio para proteger la identidad del periodista por su temor a más represalias) cuenta que a finales de junio de este año supo que debía salir del canal regional –ubicado al oriente del país- en el que trabajaba desde hacía casi tres años como periodista y gerente. “Las informaciones que transmitía en mi programa eran incómodas al poder político, también recibí amenazas de un guardia nacional en una de las estaciones de servicio por la cobertura de la escasez de gasolina”, recuerda.

Aclara que el proceso de su salida fue informal: “Le indican al representante de la empresa que mi programa debía salir y también debía salir yo, porque estaba ‘perjudicando’ a la empresa. De esto no hay registro, carta, memorándum, oficio ni correo electrónico. Hubo un chantaje vía telefónica y dijeron que si querían mantener al aire al canal y que la empresa siga funcionando había que ‘sacar al chamo’. Y así me lo comunicaron”, denuncia.

Lamenta también que durante su gestión a la cabeza del canal también se vio forzado a sacar del aire programas informativos y de opinión por presiones y amenazas. “En las regiones estamos muy afectados porque los medios prácticamente están desapareciendo y son espacios muy valiosos para la ciudadanía. La televisión, en el país, está registrando un deterioro increíble. Una situación que sin lugar a dudas afecta a las personas porque desmeritan las transmisiones y las califican de mentiras”, se queja quien se autocensura y pide anonimato.

Los números de la desinformación

Daniela Alvarado, periodista de Ipys Venezuela, precisa que tienen 35 registros de censura interna entre 2018 y lo que va del año 2020, de los cuales 10 casos corresponden a hechos de censura en medios televisivos. A ese periodo se le suma el despido de 6 periodistas por razones informativas y 5 programas han salido del aire, en televisión.

“Estos mecanismos de censura que limitan al periodismo en Venezuela también representan un obstáculo al derecho que tienen los ciudadanos de acceder a las informaciones de manera oportuna y veraz. Es gracias a la cobertura de los temas de interés público que los ciudadanos pueden tomar decisiones informadas sobre situaciones de su realidad cotidiana”, denuncia.

De acuerdo con el informe de 2019 sobre el consumidor digital en Venezuela, realizado por Tendencias Digitales, 70 % de los usuarios de teléfonos móviles en el país usan sus dispositivos para leer noticias. La web internacional DataReportal, especializada es analizar el uso que hacen las audiencias de internet, registra que entre las páginas más buscadas y las más visitadas por venezolanos en la web no figura -en los primeros 20 lugares- algún medio informativo.

Alvarado concluye que “todos los hechos de censura, y especialmente los que impiden el flujo de información fidedigna y confiable a través de un medio de alcance masivo como la televisión, contribuyen a la desinformación porque dificultan que la población venezolana pueda considerar a esas plataformas fuentes veraces para informarse sobre datos de interés público en materia de salud, economía, seguridad, alimentación y educación, entre otros”.


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