Compartir publicación

Nunca ha sido la labor de informar en Venezuela, tan dura y arriesgada como ahora. Y nunca han dejado los periodistas venezolanos de asumir esos riesgos y superar las dificultades para ejercer su labor como en este 2020.

Esa es la reflexión en que la aterrizo, luego de leer el libro “El Periodismo en Venezuela: los años duros”, editado por la Asociación Civil Medianálisis, y en el cual participan destacados periodistas, profesionales e investigadores como Marcelino Bisbal, Andrés Cañizalez, Moraima Guanipa y Gloria Carrasco.

Sumergidos en las profundidades de un océano de complejidades y carencias, movilidad restringida y parálisis forzada por la escasez de gasolina, una pandemia que continua acorralando la salud y tranquilidad ciudadana, una economía reducida a su mínima y sobreviviente expresión por una hiperinflación con sello de fracaso rojo y revolucionario, y un conflicto político que se debate entre un poder de facto negado a aceptar su ocaso, una elección parlamentaria cuestionada, y un río revuelto de liderazgos disidentes y opositores, nos olvidamos por momentos de este clima de censura y desinformación, como logros del gobierno de Nicolás Maduro.

El libro nos ofrece en sus páginas un minucioso y sustentado examen al estado actual del periodismo venezolano, y de cómo la acción primero de Hugo Chávez, y luego de Nicolás Maduro, se han dirigido de forma abierta y sistemática a conformar un tejido normativo y regulatorio diseñado a la medida de la voracidad censora, para restringir, limitar y amenazar de múltiples formas y maneras , el trabajo de reporteros y comunicadores sociales, afectando seriamente la existencia de una oferta de medios, noticias y fuentes informativas libres y críticas, a disposición de los ciudadanos.

Marcelino Bisbal y Andrés Cañizalez se dedican a radiografiar lo que denominan el “autoritarismo comunicacional de Maduro”, a través de la revisión y análisis con tono cronológico de cómo la dinámica política y de poder en Venezuela, ha conducido al gobierno a crear toda una estructura legal, burocrática y administrativa al servicio de la vigilancia de la labor de medios y periodistas, a la censura, y a la aplicación de herramientas tecnológicas para el bloqueo de páginas y contenidos en el espectro digital y de redes sociales.

Como bien refiere Bisbal, “el poder se ha percatado de que hay un flujo informativo crítico que escapa de su control, de sus políticas censoras. Ese flujo responde a lo que circula en el escenario de lo digital y muy particularmente por las redes sociales. (…) Este espacio ha abierto nuevas maneras de informarnos, de escenarios de libertad y de pluralidad de opiniones”.

Satisfecho de seguro con un saldo de periódicos y emisoras radiales cerradas durante su gestión, Maduro y su equipo de propaganda pasó a interesarse en el control de los contenidos que circulan en redes sociales, y que representan para él una amenaza, por el sólo hecho de discrepar del discurso oficial y ofrecer una visión del fracaso de su gobierno a todo nivel. Ello explica, a decir del libro, la creación de un Vice-Ministerio de Redes Sociales, con el fin de hacer de las redes un espacio de paz e inclusión, según se cita sería uno de sus pretendidos objetivos.

Otro de los múltiples datos de este trabajo, al analizar el acceso a internet y el uso del espacio digital en el país, es que Venezuela tiene un promedio de velocidad de internet de 1,61 Mbps en la banda Ancha Fija (BAF) la cifra más baja de América Latina. Lentitud e inestabilidad parece marcar el ritmo de la conexión de los venezolanos.

Moraima Guanipa analiza en el apartado “Los periodistas en Venezuela: entre el acoso y la pauperización (2015-2017)” la actuación y desempeño de los periodistas, desde  los múltiples factores del contexto que lo han condicionado y amenazado así como  el impacto de la aguda crisis socioeconómica en la situación salarial y en las condiciones de trabajo de los comunicadores sociales en el país.

Otra de las autoras que participan en el texto, Gloria Carrasco, profundiza en la reflexión acerca del trabajo de comunicar e informar en un escenario adverso en el capítulo titulado “El Poder comunicativo en un contexto de limitaciones a la libertad de expresión”. Como afirma Carrasco, “en la medida en que las audiencias son más críticas, más exigen a los medios responder al bien colectivo, y estos, mejor periodismo construyen, conformándose el circulo virtuoso del poder comunicativo”.

Sin embargo, ese círculo virtuoso se agrieta, ante el peso de un Estado que persigue y declara al periodismo crítico y libre como su enemigo.

Uno de los mayores aciertos del libro “El periodismo en Venezuela: los años duros” es que, además del análisis profundo y con múltiples referencias a la literatura académica y fuentes diversas, nos muestra además un excelente compendio de cifras y estadísticas que permiten construir una visión integral y real de los problemas, amenazas y dificultades que ha tenido que enfrentar y superar el periodismo venezolano.

Asistimos a momentos decisivos en este largo conflicto político venezolano. La actuación del gobierno de Nicolás Maduro y sus ministros y organismos de seguridad e inteligencia, ha sido señalada, con nombres, apellidos y un detallado registro de testimonios de víctimas, de crímenes de lesa humanidad, y de tortura y otras violaciones a los derechos humanos, por parte de una Comisión para la Determinación de Hechos de la ONU.

Y en el cambio de esa percepción internacional sobre la situación venezolana, tienen un peso fundamental la labor no sólo de activistas y organizaciones de DDHH, sino también el trabajo de medios, comunicadores sociales, reporteros y periodistas, muchos de ellos enfrentando violencia, acoso, censura, amenazas y cárcel.

Me permito tomar prestada unas palabras de Manuel Castells, a quien la profesora Moraima Guanipa cita en su trabajo:

“En una sociedad de la opacidad del poder y de la desconfianza ciudadana hacia todas las instituciones, el acceso a la información y una interpretación rigurosa de lo que pasa se convierte en condiciones esenciales para poder asumir el control de nuestras vidas”.

Y hacia ese control, en un contexto de libertad y restitución democrática, estamos llamados a avanzar.

Este artículo fue previamente publicado en El Impulso


Compartir publicación