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La desinformación generada por la falta de periódicos o la escasez de espacios informativos en radios y estaciones televisivas hace que habitantes de distintos estados de Venezuela vivan en incertidumbre

Según una investigación del equipo de Prodavinci, Venezuela de los 100 medios impresos que había, 41 cerraron definitivamente, 52 migraron a plataformas digitales. Y precisamente en estados como Yaracuy y  Falcón la calidad del internet es un problema que parece no tener solución

A inicios del 2021 Miguel Henrique Otero, director de El Nacional y vicepresidente de la Sociedad Interamericana de Prensa, le confesó a la cadena de noticias alemana DW en  Español que “la gran mayoría (de los venezolanos) no se informa, porque, sencillamente, prima la lucha por  sobrevivencia diaria: la lucha con la falta de energía eléctrica, de agua, la búsqueda de medicamentos, de gasolina”.

Y eso es básicamente la vida cotidiana de los esposos Marquina González quienes viven en Coro estado Falcón desde hace más de 30 años y han visto como los medios de comunicación para mantenerse informados del acontecer político, social, económico, de salud hasta en lo deportivo y de entretenimiento en su región han mermado considerablemente.

Y es tanta la desinformación que ya en su vida cotidiana impera la incertidumbre de saber que realmente sucede con los constantes apagones eléctricos, la escasez de agua potable por tubería y la infinita insuficiencia de combustible.

“Es como vivir a oscuras, pero apenas sales a la calle y ver luz, te das cuenta de lo que pasa” así resume José Julián Marquina como en su hogar la compra de periódicos y la sintonía de programas informativos por televisión ya no es habitual como hace 10 años. Indica que en su casa era fijo la adquisición de dos periódicos regionales y uno de circulación nacional, pero que ahora la realidad es distinta.

Estos ejemplares eran leídos tanto por él como por su esposa Beatriz González y su hijo Adalberto. Detalla Marquina que la cantidad de periódicos impresos aumentaban los domingo pues eran hasta 8 ejemplares los que adquirían y que servían hasta para entretener a quien lo visitara con las revistas dominicales que traían los diarios.

“Yo tengo mucho tiempo que no sé qué es un periódico. Primero fue la falta de dinero en efectivo para comprarlos pues eso los afectó considerablemente a ellos como empresa. Luego las situaciones que tuvieron con el gobierno y la materia prima. El periódico La Mañana era uno de mis preferidos” narra al profundizar una de las causas de la situación de desinformación que sufre en la actualidad.

Según una investigación que realizó el portal web Prodavinci, en Venezuela solo circulan en 2021 dos impresos en formato de diario y otros 20 salen a la calle con una periodicidad menos frecuente a la diaria cuando hasta 2013 superaban la centena a diario en la calle  y detallan como en Falcón el mapa de medios de comunicación impresos contabilizaba para el año 2008 cuatro periódicos regionales y hasta junio de 2021 apenas quedaba uno y es Nuevo Día, impreso de lunes a domingo y que varía su cantidad de páginas de 30 a 38.

El trabajo realizado por Prodavinci indica que en Venezuela de los 100 medios impresos que había en todo el país, 41 cerraron definitivamente, 52 migraron a plataformas digitales, cuatro se mantienen a través de cuentas Twitter, dos están operativos por Instagram mientras que uno está en Facebook. Detalla el reporte que junio de 2021, se imprimían seis medios con información nacional y 16 rotativos de alcance local y las zonas con mayores vacíos informativos, por falta de periódicos eran Oriente, la región zuliana y la insular, donde antes había 21 rotativos.  

Y es que a José Julián y a Beatriz la desinformación por la falta de medios impresos no solo les ha trastocado la vida sino también la falta de noticieros televisivos o de radio con informaciones en vivo sobre todo en esta época de pandemia.

La ama de casa y educadora jubilada indica que la señal audiovisual para informarse es pésima donde ella vive en el sector Las Velitas, municipio San Antonio. “Por eso he dejado de ver televisión o escuchar radio. Aquí eso es pésimo y me valgo es con mi telefonito” comentó.

Explica la señora que intentaba buscar información a través de su celular que estaba registrado a la operadora gubernamental Movilnet, pero que su conexión era pésima. “Duraba más tiempo sin internet que con señal de datos para poder chequear mis redes sociales o buscar noticias por Google” indicó.

“En estos tiempos de coronavirus, tanto nosotros en la familia como en la comunidad existe mucha incertidumbre y poca información sobre el proceso de vacunación. Muchos vecinos preguntan por la segunda dosis de la vacuna rusa que no se sabe nada” refiere Beatriz.

Los esposos explican que la única manera de estar informado sobre el proceso de vacunación anticovid es acudir hasta los hospitales o ambulatorios para preguntar sus inquietudes y a veces sus objetivos no son logrados. Ambos revelan que esas visitas a los centros de salud o rondar por cualquier calle de Coro les hacen ver la realidad del país sin necesidad que existan periódicos, noticieros televisivos o radios.

“Uno con ver las condiciones de las calles, hospitales y bombas de gasolina se informa que nada está bien” suelta Beatriz.


Ahora la vida cotidiana de Beatriz es revisar su teléfono celular constantemente para mantenerse informada. En su hogar, adquirir periódicos o ver noticieros televisivos ya es cosa del pasado porque la crisis en Venezuela los ha desinformado 

Precisamente esta situación de desconexión que describen los esposos Marquina González se refleja en el trabajo publicado por Prodavinci y también en un informe de la organización Convite AC. 

Según la Evaluación de Condiciones de Vida 2021 de los adultos mayores que hizo Convite, el 35% no tiene teléfono celular y que se encuentran desinformados como lo detalló el Bus TV quien refleja que hay un tercio de los adultos mayores excluidos de la vacunación por no poder recibir SMS, que es una de las formas empleadas por el gobierno para vacunarse.

Prodavinci refleja en un gráfico que el acceso a internet en los estados donde no hay circulación de periódicos es muy preocupante y en el caso de Falcón apenas alcanza un 35,44% de penetración de internet, es decir, que el 65% de la población de toda la entidad no cuenta con servicio de internet para cualquier actividad.

En otro estado de Venezuela la situación no es muy diferente. César Montes es un periodista que trabaja y vive en San Felipe estado Yaracuy. Comenta que al igual que Falcón, las ventanas informativas como periódicos, programas de televisión y radios se han cerrado y que la conectividad por internet es extremamente limitada.

Informa que siendo padre de dos niñas y que acuden a escuelas básicas, la labor de hacer las tareas en línea que les asignan desde sus respectivas escuelas se ha transformado en una batalla titánica por falta de internet, además de que su labor como comunicador social es limitada pues depende de la operadora Digitel para poder mantener a los yaracuyanos informados por internet. César labora desde hace mínimo 10 años en Yaracuy Al Día y debido al sinfín de complejidades de la situación país, este medio dejó de ser un periódico impreso a diario desde septiembre de 2020 a solo ser versión digital.

“La realidad de la crisis de los medios de comunicación comenzó en 2010 y Yaracuy al Día se ha mantenido trabajando porque hacemos maromas. Contamos con tres diferentes servicios de internet de las cuales dos son demasiado deficientes y una es relativamente nueva. Si una nos falla, vamos con la otra y así nos mantenemos. No es fácil informar en estas condiciones” relata Montes.

En Yaracuy la penetración del internet en la población es similar a la de Falcón. No supera el 40% de conectividad mientras que la presencia de medios impresos en el año 2008 era de 3 que se ubican en San Felipe y tenían circulación en toda la entidad mientras que en 2021 apenas uno está activo por las redes sociales.   

El fenómeno de la desinformación digital

En agosto de 2020 en Venezuela se presentó una investigación titulada “El fenómeno de la desinformación digital”  en el que detallaba el fenómeno de la desinformación con fines políticos en el contexto venezolano, los resultados de una encuesta nacional y la ejemplificación de siete casos donde impera el “fake news” como casos de campañas de desinformación con fines políticos en el país.

Este informe constituye un intento de comprensión del fenómeno de la desinformación digital en Venezuela a partir de una investigación de opinión pública, realizada en el país a finales de enero 2020.  

Parte de las conclusiones que tiene esta investigación realizada por Carmen Beatriz Fernández, Javier Serrano-Puche  y Jordi Rodríguez-Virgil es que en Venezuela todavía se aplica la teoría de la exposición selectiva, un antiguo estudio establecido por Lazarsfeld, Berelson y Gaudet en 1948 en el que afirma que el consumo de los medios está influido por las predisposiciones de la audiencia, que busca confirmar o reforzar sus opiniones en los contenidos de las informaciones.

El detalle de esta conclusión llega luego de que se determinara que los canales de TV, cuyo manejo editorial está dominado por el gobierno, son utilizados como medio de información política por los oficialistas, mientras que, por el contrario, los opositores se informan predominantemente por medios digitales.

Como conclusión también determinan que a los venezolanos, tanto oficialistas como opositores y no alineados, les preocupa la desinformación provocada por el periodismo mediocre, esto es, errores de datos, noticias simplificadas, titulares engañosos o que sirven de mero señuelo.

También les preocupa, pero en menor porcentaje, las noticias que están totalmente inventadas por motivos comerciales o políticos y las fake news por parte de políticos u otras personas con ánimo de desacreditar.

El informe ahonda también en siete ejemplos que constituyen pistas claves para entender cómo opera en la práctica el fenómeno de la desinformación en Venezuela; sin embargo, como indica el texto, “resta mucho por entender, y resulta obligatorio seguir profundizando en el estudio de la desinformación, así como comparar cómo opera en otros países latinoamericanos, a fin de identificar patrones”.


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