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La libertad de expresión enfrenta serios desafíos. La crisis sanitaria global que ha generado el coronavirus añade complejidad a una situación de por sí preocupante. La democracia parece vivir retrocesos, también en naciones con sistemas consolidados.

Hoy tenemos líderes populistas al frente de muchos gobiernos con diferente signo ideológico, y éstos tienen en común la urticaria que les produce una prensa independiente que ejerza la crítica pública. La llegada de una pandemia, cuya cura aún es desconocida, les brinda una coartada a muchos gobiernos que aprovechan de llevar adelante medidas autoritarias para restringir o manipular la información.

Con este telón de fondo, que le ha hecho a la organización pronosticar una década decisiva para el periodismo, Reporteros Sin Fronteras (RSF) ha presentado su clasificación mundial de la libertad de prensa 2020. Este reporte está enfocado en evaluar nuevamente las dificultades, riesgos y amenazas que enfrentan periodistas y medios de comunicación comprometidos con la información.

Al referirse de forma específica a América Latina, RSF asegura que el clima para el desarrollo del trabajo periodístico “es cada vez más complejo y hostil” y, como señalamos antes, sin importar su signo ideológico, varios gobiernos “han emprendido campañas de descrédito contra la prensa”.

“Un panorama oscuro en la región, aún en países democráticos.”

Partiendo de lo señalado en el informe regional de RSF, hemos tomado los casos más preocupantes de América Latina. Como era de esperar, Cuba y Venezuela encabezan regionalmente a este conjunto de países gobernados por regímenes que abiertamente promueven la censura o bien se han mostrado incapaces para detener la violencia contra periodistas, que proviene de diferentes frentes, y que a fin de cuentas lo que busca es el silenciar información.

La clasificación mundial de RSF evalúa anualmente a decenas de países y luego compara el resultado de un año con otro, lo cual permite medir retrocesos (que es lo que generalmente ocurre en América Latina) y también avances. En esta edición de 2020 el índice incluyó a 180 países.

Estado de la libertad de prensa en la región

En América Latina el caso más llamativo terminó siendo Haití, ya que tuvo el peor descenso entre los países de todos los continentes. Entre la edición 2019 y la de 2020 de la clasificación, Haití descendió en 21 puestos. Esto está estrechamente vinculado con la crisis de gobernabilidad que atraviesa a este país, una crisis olvidad por la comunidad y la prensa internacional.

A lo largo del año pasado, este país ha vivido manifestaciones en diversos momentos en contra del presidente Jovenel Moise. La represión de los manifestantes, tanto por fuerzas del orden como enfrentamientos entre civiles han sido cotidianos y en muchos casos los periodistas que cubren estos conflictos termina siendo las víctimas de la violencia.

RSF de forma explícita coloca el caso del asesinato del periodista Néhémie Joseph, ocurrido en 2019, y que “muestra la preocupante espiral de violencia y la gran vulnerabilidad de los periodistas”. No ha habido sanciones por este asesinato.

Aunque Haití tuvo la peor caída, el país latinoamericano peor evaluado, por sus prácticas enfocadas en la censura y la represión, es Cuba. La dictadura castrista que colocó a dedo a Miguel Díaz-Canel en el poder, tiene la capacidad para profundizar en las restricciones, para darle una vuelta de tuerca a la falta de libertades generales en la isla.

La dictadura cubana, uno de los autoritarismos más longevos del planeta, prosigue con su política de monopolizar la información, las leyes prohíben taxativamente la existencia de medios de comunicación privados; y tal como acota RSF, en 2019 aumentaron los casos de detención y encarcelamiento de periodistas que le son incómodos al régimen.

Venezuela, Bolivia y México

El segundo peor de toda la región, según esta clasificación, es la Venezuela gobernada por Nicolás Maduro. La censura en el país, según RSF, se ha vuelto multifacética ya que incluye detenciones y amedrentamiento, caídas en el servicio de Internet para evitar que la población acceda a contenidos críticos, expulsión de periodistas extranjeros, junto al paulatino cierre de medios gracias al control estatal sobre las frecuencias de radio y televisión.

La obstinada permanencia de Maduro en el poder no sólo profundiza una crisis económica y social sin precedentes en Venezuela, sino que también ha sumido en estado de postración a los medios tradicionales, mientras que las nuevas iniciativas periodísticas no tienen el impacto público adecuado, dadas las diversas limitaciones del Internet (baja velocidad, zonas sin servicio, caídas recurrentes en las señales, etcétera).

Los otros países de América Latina con malas prácticas en materia de libertad de expresión resultaron ser Bolivia, ya que en 2019 en el contexto de las protestas postelectorales se registraron numerosas agresiones y ataques a periodistas; en  tanto México también está entre los peor evaluados, ya que sigue siendo el país más peligroso para ejercer el periodismo en América Latina.

En México fueron asesinados 10 periodistas en 2019. Marcado por una política populista y diatribas en contra de los medios de comunicación que le son críticos, el gobierno de Andrés Manuel López Obrador tampoco ha logrado frenar la espiral de violencia contra los periodistas ni poner fin a la impunidad en que permanecen los crímenes cometidos en años anteriores, principalmente por el narcotráfico.

Centroamérica, con la excepción de Costa Rica, no parece ser un terreno seguro para el ejercicio del periodismo. RSF resalta, por ejemplo para colocar en posición negativa, a Nicaragua por la violencia contra periodistas y el exilio de comunicadores durante 2019;  asimismo en Guatemala y Honduras hay un clima de violencia con amenazas, violencia e intimidación contra periodistas críticos y medios de comunicación de carácter comunitario.

Un comentario final merece que esté centrado en Brasil. El país más grande y poblado de la región, que en el pasado tuvo un peso geopolítico determinante, está sumido ahora en una política populista de ataques y descalificaciones contra periodistas y medios de comunicación por parte del presidente Jair Bolsonaro, su familia y sus colaboradores de gobierno.

Es a fin de cuentas, un panorama oscuro en la región. Aún en países democráticos, en los que se garantiza la alternancia en el poder, no existen siempre instituciones fuertes que puedan ser el paraguas protector para los periodistas y medios de prensa cuando se vean atacados o bajo amenazas. Y tal como lo ha indicado RSF, la crisis que va de la mano con el coronavirus puede acentuar el autoritarismo.

Este artículo fue previamente publicado en Efecto Cocuyo


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