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No considero que haya sido casual que el sacerdote Ricardo Silguero falleciera el 1 de noviembre de 2020, día de todos los santos. Falleció silenciosamente, quien fue el pionero de la radio educativa en Venezuela y alguien que comprendió, tempranamente, el poder que tenía la comunicación puesta al servicio del pueblo.

Tuve el honor de conocer personalmente a Ricardo Silguero, quien fue director de Radio Occidente (Tovar, estado Mérida) entre 1972 y 1998. Tal como lo recuerda otro referente entrañable de la comunicación para el desarrollo en Venezuela, Jerry O´Sullivan, Radio Occidente fue la primera experiencia venezolana de radio educativa desde la década de 1960, siguiendo el modelo en boga entonces de Radio Sutatenza (Colombia).

Jerry estuvo por primera vez en Tovar en 1964 y, según entendí, alguna vez que me contó las razones por las cuales este irlandés decidió echar raíces en Venezuela, estaba lo que había sido para él la maravillosa experiencia de Radio Occidente. Tan enganchado quedó que fue tema de uno de sus libros: “Radio Occidente: El pueblo dialoga con el pueblo”, publicado en 1987 por la Asociación Latinoamericana de Educación Radiofónica (ALER), en Quito, Ecuador.

FACHADA DE RADIO OCCIDENTE

En mi caso estuve por primera vez en Tovar, conociendo la experiencia de Radio Occidente justamente el año cuando se publicó el libro de Jerry. Tenía en aquel momento 21 años y, cuando lo miro en perspectiva, aquel viaje fue iniciático en el rumbo que le daría a mi perspectiva profesional futura. De aquella visita entendí que el periodismo, mi pasión y profesión, debía estar al servicio de una causa justa.

Empoderados (una palabra de moda hoy pero que no se usaba entonces) por José Martínez de Toda y Terrero SJ, junto a Carlos Correa emprendimos viaje a Mérida con la finalidad de ver cómo se hacía radio junto al pueblo. Después de dos años iniciales en Radio Fe y Alegría Caracas 1390 AM, entonces ubicada en Coche, habíamos logrado posicionarnos como referentes de la emisora en la programación informativa y con el programa de participación ciudadana “Sábado Popular”.

El padre Ricardo Silguero ya en aquel momento, tras estar década y media al frente de Radio Occidente y ser presidente de ALER, era uno de los grandes de la radiodifusión educativa. Recuerdo vivamente su cálida bienvenida en lo que era su casa en la urbanización “La Parroquia”, tanto Carlos como yo pensábamos que estaríamos alojados en una casa parroquial, cuando en verdad desde el primer momento nos abrió su casa familiar.

No pude llamarle de otra manera sino Ricardo. Cuando nos conocimos me dijo llámame Ricardo, y de esa manera zanjó mi intento de llamarle padre Silguero. Durante unos tres años, entre 1987 y 1990, Silguero fue una suerte de confidente y aliado en el camino que Carlos y yo llevábamos, a veces sintiendo el respaldo institucional de Fe y Alegría, y en otras abriendo una brecha desconocida para la propia institución.

Fueron años intensos. De muchas encerronas, reuniones, capacitaciones y conversaciones. Ahora parece una exageración, pero la política entonces de ALER era realizar capacitaciones de dos o tres semanas, esto con la finalidad de que los cursantes pudieran desenchufarse de sus trabajos cotidianos e hicieran una verdadera inmersión.

Silguero, dada su condición del único directivo venezolano de ALER, solía estar en aquellos talleres que generalmente transcurrían en lugares alejados o ciertamente espacios para retiros espirituales. Todo aquello facilitaba la camaradería en las horas nocturnas. No había Internet entonces, tampoco señal de televisión en estos centros de capacitación, así que uno o leía o escuchaba música o seguía hablando con la gente una vez que se terminaba la jornada de capacitación.

Ricardo no entendía y así lo llevaba adelante entonces, que la radio educativa estuviese distante de la gente. A las clases radiofónicas, que tenían sin duda una rigidez y distancia como era lo usual entonces, se les había sumado una programación informativa y recreativa estrechamente vinculada a los pobladores de Tovar.

De las imágenes nítidas que vuelven a mi memoria ahora, al rendir este tributo a Ricardo Silguero, es la de un sábado en la mañana, en una plaza Bolívar de Tovar repleta de lugareños y campesinos que habían bajado ese día exprofeso para estar presentes en un festival de música organizado por la emisora.

Era ese, sin duda, uno de los acontecimientos culturales y sociales del pueblo, y la radio era la promotora de aquello. Ricardo Silguero, en el centro de todo, haciendo lo que mejor supo hacer: organizar, articular y luego poner a su gente a que diera la cara y cobrara los méritos. En el buen sentido, él se movía tras bambalinas.

Así recuerdo a Silguero, y le debo el espíritu que he tratado no me abandone a lo largo de los años. Entender que la comunicación es compromiso, compromiso con el otro, con el más necesitado. Gracias, Ricardo, por aquella etapa que marcó mi historia de vida.

Este artículo fue previamente publicado en Efecto Cocuyo


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